sábado, 1 de septiembre de 2012

Cuando la felicidad está delante de tus narices

Todos queremos alcanzar la felicidad. Todos. Pasamos días, noches y más días buscándola. Es el motor que mueve nuestra vida y el corazón que impulsa nuestros actos. Realmente es lo único que tenemos claro. Estamos aquí para ser felices, de momento. Y, en ese transcurso, pueden ocurrir mil cosas... Creo que acabo de tener un déjà vu de esos.

A lo que iba, buscamos la felicidad y no nos damos cuenta de que no es un estado permanente, como el que busca un trabajo fijo o la que quiere ponerse unas tetas nuevas de plástico. La felicdad es un estado de la mente, un sentimiento, una percepción positiva del mundo que nos rodea. Estoy convencido de que ninguno espera reír las 24 horas del día, o sentirse contento siempre, o saborear un helado durante toda una semana. Entonces, ¿por qué nos empeñamos en pensar que ser feliz es un estado permanente que tenemos que alcanzar? La felicidad se mide con los momentos que disfrutas de la vida y de lo que tienes alrededor, haciendo balance con lo malo y comprobando si pesa más lo positivo o lo negativo.

Hay que disfrutar de esos momentos mágicos en los que parece que el mundo nos sonríe, y considerarnos felices justo cuando tienen lugar. Después vendrán los malos, seguramente, pero servirán para comparar y valorar aún más los buenos. Es cierto que a veces las situaciones malas tienen mucho más peso que las buenas y nos obligan a sentirnos desgraciados. Pero esa sensación será aún peor si encima no ponemos de nuestra parte y nos empeñamos en rebosarnos en nuestra propia mierda. Todo lo malo que nos ocurra en la vida puede tener menos importancia si tenemos un estado mental más positivo, nos dejamos de pensar en el pasado y en el futuro y empezamos a vivir el presente que tenemos ante nuestras narices y no queremos aprovechar.

Yo no me puedo quejar. Después de haber pasado un mes horrible, ahora me considero plenamente feliz. Todo lo malo que ocurrió durante esas semanas, ahora se ha dado la vuelta y me siento más vivo que nunca. Todo eso me srivió para valorar lo que tengo ahora mismo con Matt y no dar nada por sentado. Un día fueron sus amigos, otro día fue Nathan y mañana, ¿quién sabe? Cualquiera puede fastidiarte tu momento cuando menos te lo esperas, pero si te centras en vivir el día a día, cuando llegue ese momento en el que alguien quiera hundirte, sabrás no darle importancia y seguir adelante. Pero si te pasas la vida pensando en "lo que podría ocurrir", nunca disfrutarás del aquí y ahora y serás más vulnerable a la hora de perder esa felicidad de la que disfrutabas.

Matt y yo ahora mismo somos felices. Y siento que nada ni nadie podría romper la magia que hay entre nosotros. Nunca había sentido algo así por alguien y estoy encantado. Enamorarse es lo mejor del mundo, no importa lo que digan, es genial. ¡Se lo recomiendo a todos y todas!

En un rato nos vamos a la bolera así que comprobaré si, aparte de la natación que solía practicar, a Matt se le dan bien algún otro deporte. Me ha costado convencerlo porque, aunque no lo parezca, es un jodido presumido y dice que no piensa ponerse esos zapatos horribles... y menos con pantalón corto. Y razón no le falta. No sé quien se los inventó, pero ya va siendo hora de que a alguien se le ocurra diseñar unos zapatos para jugar a los bolos un poco más deportivos que conjunten con cualquier cosa o, al menos, con unos simples vaqueros.



Pd.: Me alegra saber que, pese a mi solitario comienzo, más gente se ha unido a mi aventura y a día de hoy tengo unos 30-40 lectores asiduos. ¡No pensé que mi simple vida pudiera interesar a nadie!

3 comentarios:

  1. nos interesa y siembra una pequeña esperanza y esperar que tal vez y con un poco de suerte las cosas mejoren y esos momentos de felicidad se den.

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