martes, 11 de septiembre de 2012

Tocado y hundido.

Todavía no me puedo creer que hace una semana a esta hora estaba volviendo de St. Lucas, con mi billete de tren para volver a Norwalk en una mano y la mano de Matt en la otra. Y ahora estoy aquí, en Norwalk, el lugar al que tanto miedo me daba volver, sin billete porque ya lo he usado y sin Matt porque alguien se lo ha llevado. Es en momentos como este en los que realmente me planteo qué o quién decidió que le tocaba irse a él. ¿Existe Dios? Desde luego que el que alaban en la Iglesia no. Si existe un Dios creador, tiene que ser alguien sin escrúpulos que no distingue entre el Bien y el Mal, sino que se limita a hacer lo que le viene en gana o cree conveniente, sin tener en cuenta las consecuencias de sus acciones.

No es normal que alguien con 17 años, que se comía el mundo con su sonrisa y reflejaba el universo en sus ojos, no haya podido disfrutar de su vida como se merecía.
Igual es cierto que existen los ángeles y ahora es uno de ellos; la verdad es que le pega eso de ir medio en bolas por el cielo cuidando de los demás. ¿Serás mi ángel ahora? Espero que sí. No me dejes solo, por favor.



Una de las cosas que más me preocupa ahora mismo es su familia. No tengo forma de contactar con ellos. El móvil de Matt sigue apagado y es la única vía que tenía de ponerme en contacto con él. He mirado en Facebook a ver si lo encontraba, pero no está. Debe ser que algún familiar ha borrado el perfil por respeto o para no sentir más dolor. No sé. Necesito saber cómo estan, contarles que tenían un hijo maravilloso, decirles que me hizo feliz y que no consigo salir adelante sin él.

Llevo  4 días encerrado en casa, desde que llegué de la estación de tren con mi madre. No estoy preparado para enfrentarme al mundo. Y lo peor es que siento que nunca lo voy a estar. Cada día que pasa es peor. He perdido ya 5 kilos, no me afeito desde el miércoles, me ducho más bien poco y sólo salgo de mi habitación para mal-comer o sentarme a ver la televisión en silencio. Sussan está empañada en que debería pedir ayuda psicológica, y quizás tiene razón, pero no tengo fuerzas ni para buscar alguno por aquí cerca. Y para colmo Nathan no para de llamar a diario. ¿Se cree el gilipollas ese que ahora le voy a coger el teléfono? ¿Precisamente ahora? ¿A él? Ese niño lo flipa.

Mierda, me acabo de acordar que el día 1 empiezan las clases en la universidad y yo aún no he entregado la matrícula. Me quedan tres días y, en el fondo, me dan ganas de que se me pase el plazo para al menos tener una excusa para no salir de casa. No sé si estaré preparado en tres semanas para dar ese paso. Y ni siquiera sé aún qué carrera voy a hacer.

Que asco de todo. Me voy a la cama, a ver si despierto dentro de 3 meses con mi vida recuperada y mi mente despejada.

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