Así es, Matt le ha contado a sus tíos los problemas que ha tenido son sus amigos. Evidentemente, no les ha contado la causa de esos problemas –ni falta que le hace–, pero les ha dicho que no lo tratan bien, que se han metido con él y creo que se ha inventado algunas historias un tanto delictivas para hacerlos parecer aun peor. También les ha hablado de mí, diciéndoles que nos conocemos de un curso de informática que hicimos en Norwalk –ya, claro...–, y que este verano nos hemos hecho amigos y yo sí soy buena persona. El caso es que ahora ya es libre para salir y entrar cuando quiera, incluso para quedarse a dormir en mi casa siempre que le de la gana, siempre y cuando avise con tiempo y sus tíos sepan que está bien. Lo que nos viene de lujo para poder seguir disfrutando de esto que ha surgido entre nosotros sin pensar en los horarios, las excusas o las mentiras.
Ayer por la noche cogimos el bus hasta St. Lucas. Fuimos a Lighthouse, una mezcla entre cervecería, pub y discoteca a la que suele ir bastante gente joven en verano. En parte por hacer algo diferente fuera de St. Dean pero, principalmente, por no cruzarnos con los ex amigos de Matt en algún pub del pueblo. Nos pidieron indentificación al entrar y por poco Matt se queda fuera, pero logré convencerlos de que sólo bebería refrescos y nada de alcohol! Jaja –ni de coña lo hizo–.
Allí conocimos a Joana. Una señora que va de moderna y que es conocida por todos en el local por sus grandes borracheras, sus espectáculos de karaoke improvisados y sus bailes erótico-vomitivos encima de la barra. Una friki de los pies a la cabeza, pero muy divertida. Es de esas personas que por fuera parecen como llegadas de otro planeta, pero que por dentro son mentes perturbadas por una infancia difícil, un marido que no les hace caso o la idea de hacerse mayor sin haber disfrutado de su juventud. Nos invitó a varias copas, así que lo mínimo que podíamos hacer era reirle las gracias y hacerle compañía. Entretenimiento gratis made in St. Lucas.
En un momento de la noche se empeñó en leernos el futuro según las líneas de nuestras manos. A mí me dijo que seré un brillante publicista –me mordí la lengua para no decirle que voy a ser abogado, pero no quise fastidiarle la falsa lectura–, que encontraré al amor de mi vida antes de que acabe el año y no se qué historia de un nuevo miembro en la familia por parte de mi hermana –soy hijo único, Joana dando en el clavo jajaja–. A Matt le dijo que viviría una gran decepción que luego se convertirá en el momento más importante de sus existencia. Luego puso una cara rara, como de sorpresa y angustia y, tras pedirnos otras dos copas a cada uno, nos dijo que aprovecháramos nuestra juventud. Después se fue y no la volvimos a ver. Me dio pena porque me estaba divirtiendo, pero Matt se alegró de que se fuera porque decía que era una loca y que, cuanto más caso le hiciéramos, más nos iba a costar deshacernos de ella.
Pero como el que tiene buena noche no puede tener buen día, hoy Matt se lo ha pasado entero de la cama al sofá y del sofá a la cama, con vómitos y apenas sin comer. Aún no sabemos si lo que le sentó mal fueron los cinco margaritas que se tomó o la hamburguesa que se comió en el camino de vuelta. O quizás fueron las dos cosas. Hoy me ha tocado hacer de enfermero Ryan y llevo todo el día cuidando de mi perrito, a ver si mañana amanece mejor que tenía pensado llevarlo por sorpresa al parque acuático que hay en Cherry Lawn, a veinte minutos de St. Lucas en tren. Igual será mejor dejarlo para la semana que viene por si a caso.
Por cierto, el otro día en la bolera le dí una paliza... ¡y de las buenas! Él será todo lo buen nadador que quiera, pero de resto no parece que sea muy dado a ningúna otra actividad deportiva. ¿Los bolos son un deporte? Bueno, lo que sea. :P

No hay comentarios:
Publicar un comentario