Aquí estoy, sentado en el alféizar de mi ventana. Con la mirada perdida hacia el horizonte, dónde el mar se une con el cielo a medida que la oscuridad inunda la escena. El sol hace rato que se puso, pero aún se ven los destellos detrás del acantilado que hay más allá de mi urbanización. Si miro hacia de izquierda el cielo es azul oscuro intenso y las estrellas empiezan a brillar; hacia la derecha el cielo es malva y anaranjado. Se nota que se está terminando el verano porque hace un mes a estas horas aún estaría en la playa a plena luz aunque no pudiera ver el sol.
Estoy triste. Mucho.
No consigo olvidarme de Matt. No sé qué me pasa, pero yo no soy así. No me reconozco. Es casi una obsesión que me consume por dentro y no me deja ser feliz aunque lo intente. Y encima, como soy medio gilipollas, no se me ha ocurrido otra cosa que coger el iPod y escuchar un disco de Adele. Siento como si tuviera dos litros de lágrimas atascados en el borde de los párpados intentando salir fuera mientras algo los retiene ahí dentro.
Suena Rolling In The Deep y no puedo evitar sentir que está describiendo mi vida actualmente. O, más bien, mi relación (o no-relación) con Matt.
The scars of your love remind me of us. They keep me thinking that we almost had it all. The scars of your love they leave me breathless. I can’t help feeling we could have had it all rolling in the deep. You had my heart and soul and you played it to the beat.
Pudimos tenerlo todo, éramos felices. Matt tenía mi corazón, ese que tanto me costó soltar, y jugó con él como nadie jamás ha hecho. Tampoco es que encaje al 100% pero el desamor es lo que tiene, que basta con que una canción tenga dos frases con las que te identificas para que ya toda la canción se convierta en la banda sonora de tu vida.
Daría cualquier cosa por despertarme mañana junto a él como si nada hubiera pasado.
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