Juro que no miento cuando digo que llevo dos horas sentado en mi cama con el diario de Matt delante de mis narices y soy incapaz de leerlo. Lo más que he podido hacer ha sido abrir la primera página, leer «
18 de junio de 2012. Por fín han acabado las clases y presiento que éste va a ser el mejor verano de mi vi...» y volverlo a cerrar de golpe para echarme a llorar.
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