lunes, 10 de diciembre de 2012

Algo se va sin haber llegado

Supongo que tomar una decisión así no es fácil para nadie, salvo que al nacer te extirparan los escrúpulos. Doy por hecho que es algo meditado durante infinitas horas tumbada en la cama mirando el techo de su habitación. Y estoy convencido de que ese tema no ha dejado de dar vueltas en su mente durante el último mes. Pero aún así siento miedo de que Sussan no esté tomando la decisión correcta o que, aún siendo correcta, pueda arrepentirse cuando ya no exista la forma de volver atrás y recuperar lo que perdió.



Críar a un hijo no es fácil, no es como tener un perro que basta con darle de comer, sacarlo a pasear y llevarlo al veterinario de cuando en cuando, esperando que durante ese proceso aprenda a comportarse de forma adecuada dentro de lo que su condición de animal le permita. Cuando se trata de un hijo hay mucho más. Y sí normalmente cuesta decidirse a la hora de tener o no una mascota, con un bebé ya ni te cuento. Pero yo, personalmente, pienso que el sacrificio de traer al mundo un hijo cuando no estás preparada es mucho menor que el de decidir no tenerlo. Ninguna (o casi ninguna, que el mundo está lleno de gente asquerosa) madre se arrepiente de sus hijos, en cambio muchas se han arrepentido una y otra vez de no haberlos tenido.



No es que esté en contra del aborto, todo lo contrario. Pero creo que cuando el embarazo es causado por unas circunstancias propiciadas por dos personas voluntariamente, el daño es mucho mayor cuando se interrumpe el embarazo que cuando se sigue adelante, por muy duro que sea el camino.

De todos modos, aquí la que tiene la primera, última y única palabra es Sussan, así que hoy será el día, en unas horas iremos al hospital y abortará.

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