La de ayer fye una noche un tanto peculiar. ¿Quién me iba a decir a mí, cuando me estaba vistiendo y poniendo guapo antes de salir de casa para ir al Blue Bayou, que iba a terminar la noche llorando a moco tendido con alguien que hace una semana no sabía ni que existía? Desde luego que la vida da vueltas y tiene recovecos absolutamente inesperados. Es como avanzar por una calle interminable sin ver más allá de la siguiente manzana, sin saber lo que te vas a encontrar después de cada paso de cebra.
Tras de una noche genial en el pub y de asimilar que Verónica es prima del señor Kinsey –el profesor de Sussan, aunque entre el alcohol y la confianza lo hemos acabado llamando por su nombre, Alex–, acabamos en el hospital para que a Sussan le miraran el corte que se hizo al caerse sobre las botellas de cristal. Visto ahora en perspectiva puedo llegar hasta a a reírme, pero la verdad que es que nos angustiamos bastante. ¡Demasiada sangre para tan poco cuerpo! Incluso dentro de mi trauma personal lo primero que me vino a la cabeza fue un incontrolable "no, tú no te puedes morir, tú no!". Todo por un puto corte en el brazo. Viva el drama.
Lo más especial, sin duda, fue mi charla con Mike en el parque; sentados en un banco bajo la luz de una farola y a la espera, sin saberlo, de ser empapados por la lluvia de un momento a otro. Cuando me contó lo de su madre no me lo podía creer. Jamás hubiera adivinado que le podía haber ocurrido algo así hace tan sólo un año. Y yo aquí casi traumatizado por alguien que sólo conocía de unas cuantas semanas veraniegas.
Es increíble como el ser humano se aferra a determinadas circunstancias como si fueran lo peor que a uno le podría pasar en la vida, para luego darse cuenta, al compararlo con los problemas de los demás, de que no era para tanto; o, al menos, no tan grave como nos empeñamos en hacernos creer. La muerte de Matt es algo que aún no he superado y no sé si algún día lo llegaré a hacer, pero la forma en que me ha afectado creo que no es, ni por asomo, la que debería haber sido. Esta forma de derrumbarme, de encerrarme y alejarme del mundo. ¿Y si hubiera perdido a mi madre igual que Mike? ¿Qué estaría haciendo ahora? No es ni medianamente normal que me haya afectado tanto como si hubiera perdido alguien de mi propia sangre. Después de todo, ni siquiera llegué a conocerlo a fondo. Lo quería como no he querido a ningún chico en mi vida, pero eso no implica que deba guardarle el luto como si me hubiera quedado viudo después de 50 años juntos, ¿no?
Lo mejor de todo es que la teoría me la sé a la perfección, pero luego en la práctica soy incapaz de aplicarla. Y dentro de 10 minutos me habré olvidado de esto que acabo de escribir y estaré de nuevo lloriqueando por los rincones, sin ganas de hacer nada, deseando que acabe el día, la semana, el mes. Deseando despertar un día y que todo haya sido un sueño, que Matt siga a mi lado o que nunca lo hubiera conocido... Al menos así aún estaría vivo.
Pero bueno, lo cierto es que sí, en líneas generales solamos quejarnos por tonterías. Gilipolleces que tienen una solución más fácil de lo que nos planteamos; o que no tienen solución alguna por lo que lamentarnos y sentirnos mal no va a servir de nada. Hay gente ahí fuera repartida por el mundo que sí tiene problemas de verdad, cosas graves por las que sentirse desdichados, y aún así salen cada día a la calle, a hacerle frente a sus miedos, sus temores, su mala suerte, sus desgracias. No se quedan atrás en el camino deseando una solución divina que aparezca de la noche a la mañana. Se esfuerzan por superarse día a día, por demostrarse que pueden, que son capaces, que sólo hay que intentarlo. Y, si ellos pueden hacerlo, ¿por qué yo no?
Pero bueno, lo cierto es que sí, en líneas generales solamos quejarnos por tonterías. Gilipolleces que tienen una solución más fácil de lo que nos planteamos; o que no tienen solución alguna por lo que lamentarnos y sentirnos mal no va a servir de nada. Hay gente ahí fuera repartida por el mundo que sí tiene problemas de verdad, cosas graves por las que sentirse desdichados, y aún así salen cada día a la calle, a hacerle frente a sus miedos, sus temores, su mala suerte, sus desgracias. No se quedan atrás en el camino deseando una solución divina que aparezca de la noche a la mañana. Se esfuerzan por superarse día a día, por demostrarse que pueden, que son capaces, que sólo hay que intentarlo. Y, si ellos pueden hacerlo, ¿por qué yo no?


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